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November 18 Woody Allen. EntrevistaPor más reparo que dé, a Woody Allen hay que gritarle un poco. A punto de cumplir 71 años, el oído es de lo poco que le falla a este menudo y genial brooklynita universal y es él mismo el que pide educadamente que se levante la voz para hablarle [...]
Tras el éxito de crítica y público de "Match Point", la película que Allen cree que está más cerca de lo que podría considerarse una obra maestra en su filmografía, el director ha regresado a la comedia de enredo en "Scoop", su segunda película con Scarlett Johansson [...]
![]() El genio de Brooklyn y la hermosa Johansson, ambos con gafas, en "Scoop"
Es precísamente eso, la magia, uno de los elementos de "Scoop" (junto a las relaciones sentimentales y de clase, los fantasmas, una joven estudiante de periodismo, un adinerado galán, una serie de crímenes y hasta un barco capitaneado por la muerte [...] )
P: ¿Cómo ve la magia: como ilusión, como escapismo...?
R: Siempre he tenido la sensación de que es lo único que puede salvar a la raza humana. Es un pensamiento triste, pero siempre he sentido que cualquiera de las soluciones que se han planteado a lo largo de los años o los análisis de los filósofos, líderes religiosos, políticos, sociólogos, científicos... sólo llegan hasta determinado punto y, al final, lo único que puede salvar a la raza humana del terrible destino y la terrible tragedia de la existencia es la magia. Sin algún tipo de solución mágica no estamos bien posicionados. A no ser que haya un maravilloso truco que vaya a salvarnos, somos una especie condenada, una entidad maldita. La propia idea de un universo, de un cosmos, de la existencia es, en sí misma, mágica. Es asombroso si piensas que toda la masa de todo el universo y del cosmos, en el momento de su nacimiento, estaba condensada en menos de un átomo. Todas las estrellas, todo el espacio... eso es algo alucinante. Todo el universo surgió muy rápido, no fue un crecimiento lento, fue como si alguien le diera a un interruptor y, ¡chas!, todo llegó rápido, millones de años-luz, el Big Bang, todo...
P: ¿El cine es magia y el director es el mago?
R: Estoy totalmente de acuerdo. Presentas una ilusión al público. Los espectadores vienen, se sientan y tienen la ilusión de que están viendo un acontecimiento real, una historia real, las vidas de gente de verdad, cuando, en realidad, estás creando todo con decorados, actores, maquillaje, cámaras...
P: Y estar tan dentro, saberse el truco, ¿le hace perder algo de pasión?
R: Pierde el encanto, por supuesto. Si un mago me enseña un truco que yo ya sé, lo disfruto y diré, por ejemplo, que la ejecución es bella, pero si me enseña uno que no conozco y no sé cómo lo ha hecho, es ahí donde encuentro una cantidad enorme de encanto y placer. En cuanto aprendes cómo se hace, desaparece el encanto y se convierte en una cuestión técnica. Eso mismo pasa con el cine. Pero cuando yo voy al cine, no miro la técnica de la película. No me siento y pienso en el trabajo de cámara, o en cómo han hecho determinadas cosas. Me dejo ennvolver por la historia y así consigo que sea un placer para mí.
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P: ¿Qué busca trabajando con tanta intensidad?
R: Te pierdes durante un año en un mundo imaginario y así no tienes que estar en el mundo real, que es un lugar muy desagradable. Cuando yo me levanto por la mañana y estoy haciendo una película, estoy en una tierra donde hay bellas casas, mujeres hermosas, hombres encantadores, el diálogo es especial, se ponen los vestidos, suena la música... Mientras escribes, mientras ruedas, mientras montas... estás viviendo en ese mundo día tras día durante casi un año y es una distracción muy buena del horror del mundo.
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P: Siendo estadounidense, y uno de los cineastas con los que la imagen de Nueva York tiene una deuda mayor, es considerado uno de los directores más europeos. ¿Cómo lo explica?
R: Vi tantas películas europeas que, cuando me puse a hacer cine, me salieron películas europeas. Si eres músico y te gusta mucho un autor, te pones a tocar y, sin querer, suenas como él. No es consciente. Yo siempre quise ser como Bergman, como Fellini, como Truffaut, como Buñuel... Ahora ruedo en Europa por razones económicas y me encanta pensar que la gente me ve como un director europeo, porque eso significa que, por accidente, me he convertido en lo que siempre quise ser. Respecto a la imagen de Nueva York, hay un hecho curioso: yo crecí en Brooklyn, no en Manhattan, viendo películas de Hollywood y creo que mi concepción de Nueva York la saqué de esas películas. Es lo mismo que me ha pasado en "Scoop" con los periodistas: tengo la visión carismática de los reporteros que me ha dado el cine.
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Dominical. 29/10/06. Número 215.
Del Berro
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